martes, 14 de noviembre de 2017

Confesiones. Ni un zapato más, ni una menos.

        ¿Cómo vamos?
         Hoy escribo esta entrada porque no puedo mantenerme callada. Hoy os voy a desvelar uno de los secretos que se ocultan en Ni un zapato más, un secreto que escondí para nosotras, para ellas, para todas, pero sobre todo para aquellas que perdieron su vida a mano de "ellos".


         
        Ayer, mientras veía las noticias de las 21h, lloré, nada novedoso, me imagino que a muchos también las lágrimas impotentes se les manifestaron al descubrir ese tremendo parricidio. Un "padre" degollaba a su hija de dos años como venganza porque su pareja acababa de salir a denunciarle. Una niña de dos años ha muerto en manos de la persona que le dio la vida, de su padre, del que iba a aprender a atarse los zapatos, del que le tenía que leer cuentos, enseñarle a jugar con la pelota, montar en bici... y él cometió el acto más deleznable que mi mente puede digerir: arrancar de cuajo todas esas vivencias a tu pequeño, al que tú, moral y legalmente, optaste por criar.
         Siempre pruebo a ponerme en la piel del otro, entender porque las personas actúan como actúan, quizás sea defecto de escritora. En este caso ni lo voy a intentar, porque me duele tanto y me resulta tan incomprensible que me ahogo. Soy madre y solo pensar que a mi pequeña le pueda pasar algo me descuelga los órganos por segundos para revolverme el cuerpo. Pero no hace falta ser "papa" para entenderlo, lo sucedido ayer descompone el cuerpo a cualquiera con un mínimo de conciencia
         Hace unos días también nos torturó la noticia de que un hombre había matado a tiros a su ex-pareja delante de su hijo, a la salida del colegio. Frente a muchos niños. Pequeños a los que se les ha arrebatado un pedazo de su infancia para siempre y que temerán ser adultos para no ser tan malos como aquel asesino. Por no hablar de ese niño de tres años que ha perdido a su madre para siempre. Me duele el alma, literalmente.
         ¿Qué demonios nos está pasando? ¿Realmente estamos civilizados? ¿O somos una panda de engreídos con ínfulas de "progres" en un mundo insensible, cruel y desfasado?

         Y sí, ya sé que habéis leído las noticias, que no os estoy descubriendo nada, pero, en parte, necesitaba desahogarme y aprovechar para desvelaros uno de los secretos que esconde Ni un zapato más.
         No os digo en qué forma, ya lo averiguaréis, pero en este último libro hay un homenaje a aquellas mujeres que perdieron su vida en manos de sus parejas en 2016 y 2017.
         ¿Por qué?                                                                          
         Porque se me encendió esa idea y ni fui capaz de apagarla; ni quise.
         ¿Por qué se me ocurrió?
         Por la similitud del título con el eslogan "Ni una menos", porque por eso se titula así. Desaparecen mujeres y uno de sus zapatos amanece en la puerta del policía que investiga el caso. El ruega al cielo que no haya más zapatos esperándole. Ni un zapato más.
         Pero este no es el caso que hoy me ocupa. Hoy me alegro, entre comillas, de haber escrito ese homenaje aunque no pegara "ni con cola" en el estilo del libro. Porque el ser humano está programado para ayudar (aunque no lo sepamos), para intentar "hacer algo" en los malos momentos ajenos, y aunque escribir unas líneas sea tan poco que es irrisorio para aquellos que están sufriendo los daños directos o colaterales de esta lacra, yo siento que estoy madurando como autora y me calma. Porque escribes para ti pero te leen los demás (una suerte), tenemos voz y podemos remover alguna oscura conciencia o educar a quién está empezando a torcerse.
         Autores, autoras, escribamos sabiendo que nos leen, y, en concreto, en romántica, gente muy joven, que está eligiendo su destino y forjando su carácter. Dejemos claro que los celos excesivos, la manipulación, el control y el menosprecio son signos inequívocos de maltrato psicológico. Porque quizás sí se puede hacer algo, porque gracias a nuestro karma tenemos voz y hay a quién le gusta leerla. Seamos coherentes.
         Hablo para autores, pero lo podemos extrapolar a la sociedad en general, porque todos tenemos a gente que nos escucha y niños alrededor. Porque no hay que callar, hay que actuar y ayudar. Dejo claro que, en mi opinión, la clave en la erradicación de la violencia de género reside en la educación.

         Me he ido por las ramas, lo sé, yo venía a desvelaros un homenaje, la reivindicación que escondía Ni un zapato más y la parrafada me ha salido sola. No me arrepiento, las circunstancias, tristemente, lo merecen.
         Solo me queda decir:
         Es un sinsentido que estéis muertas. Asesinadas...  pequeña de dos años, Jessica, descansad en paz.
         Ojalá el homenaje que escribí en Ni un zapato más os llegue a todas, pero sobre todo, ojalá no tenga que volver a escribirlo en mi siguiente libro.
         Un abrazo.
        

          
        
        


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