viernes, 13 de noviembre de 2015

Sal de mi vida reggaeton!!



         Os lo prometí y yo (si me acuerdo) soy de cumplir mis promesas. Os prometí que ya os describiría como acontecían mis noches en la soledad y urgencia de la diálisis. Y en ellas me hallo.
         Como dicen por aquellos lares: «ya no eres virgen», «ya te has estrenado», «ya eres mayor» , claro que ¡menudo estreno! no puedo yo estar tranquilita, no...


         Lunes noche. Después de un puente relajante en mi Villarejo del Valle, afronto mis cuatro noches con valentía y un dolor de cabeza incipiente de tanto apretar las mandíbulas durmiendo soñando con máquinas.

         Me encuentro a mis cuatro compañeros con cara de susto disimulado.
         —¿Qué pasa?
         —No, nada —me dice la más joven y verde como yo—, tienes que poner un hemofiltro en UVI. Pero tú no te preocupes te hemos llevado todo. Tienen que avisarte porque han de cogerle primero el catéter.
         Quien no sea enfermero, o incluso si lo es, no entenderá nada. Pero en cristiano sonaba a:
         —¡Tía, tía, tía! !qué mala suerte! ¡Tú, tranqui!  ¡Si no puedes, llámame!
        Si con algo se puede comparar al hemofiltro es con una cosita que empieza igual y termina en -rroide. Farragoso, pesado, lento y "porculero". (¿Entendéis ahora la comparación?).

        Pues nada... Me senté a esperar... y esperé... y me tomé una tilita... y me tomé un poleo...y cuando me iba a pasar al ibuprofeno me avisaron.
         1. 30 de la mañana- 2.0 de la mañana... ¡Puesto! ¡Sin problemas! ¡Subidóoooooon! Camino por el largo pasillo de vuelta a mi escondite canturreando.
         Miércoles noche. Mis cuatro compañeros, esta vez más relajados, me explican que hay otro paciente con el dichoso hemofiltro y que suele dar problemas (el hemofiltro, no el paciente), y se cambia cada seis horas (os lo vengo diciendo, salvará vidas, pero qué pesadito es). Justo cuando se van suena el teléfono y es el nefrólogo de guardia que con voz rápida y estresante me dice:
         —Tenemos una urgencia. Hay que hacer una diálisis a un paciente aislado (por un bichito que no viene a cuento). Hay que coger el catéter.
         Eran las 21.55. Atrapé a la última enfermera que quedaba y como enloquecida le conté lo que había escuchado por teléfono.
         Me ayudó a montar la maquina, pero resulta que esa máquina no valía, así que monté otra, pero resulta que no pasaba los test, así que monté otra que parece que sí quería hacerme el favor de funcionar (gracias a los Dioses, ya no entraba ninguna máquina más). Y llegó el médico con el paciente. Y le cogimos el catéter. Y la máquina funcionó. Y le dializamos. Y el hemofiltro de la UVI se coaguló pero como todavía no puedo multiplicarme, hasta que el médico no me suplió, no fui. Total, que pongo un circo y me crecen los enanos. Lo extraño es que una vez que las cosas marcharon, yo tan contenta... ¿lo de que me di un cabezazo de pequeña os lo he contado?
         Y hoy que iba conduciendo escuchando la radio y han puesto un reggaeton de esos... (si necesitas reggaeton, dale) he pensado que mis noches son reggaotoneras, que vengo de la medicina interna donde eran puro "tecno martilleante" y no pensaría yo que iba a pasarme a la música clásica así, sin más, sin pelearlo. ¿Y por qué son reggaeton? Pues porque dos canciones se pueden oír, incluso bailar y bromear (lo de sus letras es para que Rocío Jurado levante la cabeza y los ponga a todos firmes de un grito), pero a la tercera te cansas y a la cuarta te vas del local a tu cama cabreado como una chinche.

         Crucemos los dedos para que esta noche Nicky Jam, Pitbull y Juan Magán salgan de mi vida (total es viernes y tendrán cosas mejores que hacer) y entre Beethoven. Crucémoslos.

         Esta entradita se la dedico a todos esos compis que me han ofrecido su ayuda y en concreto a mi "Coach telefónica" (ella sabrá quién es).