domingo, 14 de junio de 2015

NO QUIERES CALDO, DOS TAZAS.

        Harta estaba de oír los tópicos castellanos, tengo una madre que creo que se los sabe todos, pero con la edad me empiezo a dar cuenta de que esas frases heredadas de nuestros antepasados esconden más verdades que La enzima prodigiosa.
         ¿Sabéis que me he cambiado de hospital? Pues sí, me armé de valor y decidí optar por el cambio. Ahora bien, una cosa era el hospital y otra muy distinta el destino final, el servicio en el que me tocaría trabajar.


         Fueron unos días de locos. Todo el mundo pendiente del BOCAM, para en el mismo momento en el que saliera la resolución, renunciar a tu hospital e ir al día siguiente al nuevo... Y si no lo sabéis, lo del papeleo, y tanta visita a "impersonal" (como he re-bautizado a la unidad de personal), pueden hasta con los nervios de Mimosín.
         Para darle un gotita más de emoción, había que llegar el primero al nuevo hospital para elegir el servicio. Como veis, un método de elección de los más justo, currado, lógico y apropiado, bromas aparte.


         En mi nuevo hospital hubo quien hizo noche, en plan mochilero, para asegurarse una de las cinco mañanas que ofertaban. Yo soy más vaga que Niebla, la perrita de Heidi, pero, al menos, decidí madrugar. Mi propósito no era tan ambicioso como un turno de mañana, el mío era claro y concreto: todo menos geriatría (y que los abuelitos me perdonen). No quedé tan mal, llegué la doce de unos veintiséis... y entré al despacho donde me esperaban Las Jefas.
         Sonrisas, amabilidad y facilidades, eso me encontré. Yo no mentí, les conté lo de mis nueve años en interna, pero ellas me ofrecieron cualquiera de los servicios que quedaban: UCI, Neonatos, Urgencias, Geriatría (¡arjj!), Quirófano, Medicina Interna (jajajaja) y Hemodiálisis.
         —¡Venga, va! ¡Hemodiálisis!
         He de añadir, que una compañera mía auxiliar acababa de elegir ese destino y dije que me iba con ella, que era una crack.



         Aquello nada tiene que ver con nada. Aquello es un mundo lleno de máquinas (eso, bien), fístulas, sistemas con más salidas y entradas que el alcantarillado de Madrid, y pacientes crónicos...
         Bien. Me gusta aprender. Me motiva. Bien.
         Mal. No mola estar perdida. No mola que los pacientes no se fíen de ti. No mola sentirse insegura hasta purgando una bomba. Mal.
         Y pese a que estoy más bien que mal, casi todos los días, he de explicaros el título de esta entrada:
         Por todo enfermero es sabido que para paciente "especial" los de nefrología. Ahora puedo ratificarlo, subrayarlo con fosforito, y decir: ¡no querías caldo, pues dos tazas, guapa!
         ¡Madre santa! ¡Es que no se cortan ni un poco! Hay quién no siente ningún pudor en decir delante de mí:
         —Ésta que no me piche
         —Ésta que no haga la diálisis.
         —Ésta que no maneje mi catéter.



         Con razón, más de uno se ha ido al baño a llorar, cómo te pille floja te hunden en la miseria. No todos, obvio, sino, se me habría puesto el culo como un tambor de no moverme (acabo de entender porqué estoy engordando, si como lo mismo). Hay quién es amable y valiente y no le importa que esta enfermera nueva, con cuatro trienios, se acerque. Hay a quién no le distingo cara de terror, ni temblor del labio inferior, si ve que preparo el campo para pincharle... GRACIAS ( a esas buenas almas pacientes). Y ahora perdonadme estas ordinariez: pero si los clientes de interna los tenían cuadrados, estos los tienen octogonales y como el caballo de Espartero.
         Me he hecho con un montón de refranes para aprovecharme de la sabiduría popular y mejorar mi estado anímico cuando los males puedan a los bienes.
         Tiempo al tiempo
         Nadie nace aprendido
         Paciencia que es la madre de la ciencia
         No hay mayor desprecio que no hacer aprecio
         El tiempo pone a cada uno en su lugar
         Más vale malo conocido...
         El que la sigue la consigue (o la persigue como dice mi primo Chuchi).
         Quien adelante no mira, atrás se queda
         No hay rosas sin espinas
         A camino largo, paso corto.
         Nadie dijo que era fácil



         Os iré contando mis progresos y mis kilos de más.