miércoles, 17 de diciembre de 2014

COMPAÑEROS-AMIGOS


Hace una semana que han celebrado la cena de navidad en mi planta. Yo no pude ir, me fui a Bélgica (que ya que estamos os lo recomiendo). Al día siguiente tenía el móvil repleto de fotos rabiosas (de propia envidia) y de mensajitos de lo bien que se lo habían pasado. El eslogan, reiterado por todos, fue que hubo muy buen rollo. Y no me extraña, aunque tengamos una fama regulera (caótica, en ocasiones) en mi servicio nos hablamos unos a otros, e incluso, a veces, hasta nos echamos unas risas, fíjate tú… y he pensado voy a ponerme sensible para mi siguiente entrada.
Y vuelvo a salir en defensa de mi planta: para que lo sepáis, aquí se han forjado parejas (aunque las dos que recuerdo han roto y como el rosario de la aurora), de aquí ha habido un enfermero que se fue de misionero, de aquí se han jubilado parejas casi a la par, de aquí se ha ido gente de viaje junta… Vale, tampoco es para tirar cohetes, pero y si a esto le añadimos: que de aquí yo he hecho más que compañeras, amigas.
No sé porqué cuando alguien es tu compañero cuesta referirte a él, fuera del entorno laboral, como amigo. Los compañeros-amigos deberían tomarse como los primos-amigos, que más que primos son amigos. La mezcla de amistad con algún gen familiar otorga a la relación un regustillo auténtico e inquebrantable, ¿a que sí? ¿Pues si con nuestros compañeros-amigos compartimos profesión, inquietudes, conversaciones e incontables horas, por qué pepinos no los valoramos igual?
Voy a justificarlo:
Pasamos infinitas jornadas junto a nuestros compañeros, en situaciones normales, en situaciones estresantes e incluso en situaciones conflictivas. Haz memoria y piensa si has vivido todo eso con los que consideras amigos.
A tu compañero le cuentas tu día a día, hasta lo más tonto: qué has comido, si has dormido bien por la noche, cómo se han portado tus hijos, qué viste en la tele… Haz memoria y piensa si le cuentas eso a los que consideras amigos.
Un compañero está al día de tus asuntos, porque es imposible (por lo menos para mí) no relatar lo que me preocupa, lo que me alegra, en fin lo que sucede en mi vida… Haz memoria y piensa si están al día los que consideras amigos.

Un compañero te hace favores: dobla, cambia el turno, te ayuda si estás muy liado, trabaja por ti hasta en días que no le vienen del todo bien porque tú se lo pides… Haz memoria y valora si los que tú consideras amigos lo harían.
Un compañero conoce tu ropa al dedillo, tu perfume, tu bolso, si me apuras hasta tu sueldo… Haz memoria…
Y encima en el entorno hospitalario con un compañero haces noches, y festivos; yo siempre digo: «eso une mucho».



Claro está, no me refiero a todos los compañeros, hay algunos con los que no conectas (ni conectarás), y otros con los que trabajas (a gusto) y punto, o que confías pero te falta un escaloncito para considerarle amigo.

En concreto mi servicio es durillo, hay mucho curro, y en mi opinión en las peores situaciones es dónde se forjan verdaderas amistades, puesto que hay compañeros-amigos en todos los turnos, pero esta entrada la podéis extrapolar a todos los servicios, es más, a todos los trabajos. ¡Vivan los compañeros-amigos!
Me está rondando la navidad, ya os lo dije, y gracias a este blog puedo explayarme. No siempre voy a contar maldades, tengo mi corazón… en el que hay espacio para varias amigas de mi planta.

Y si me permitís un inciso, o una recomendación… Haz memoria y recapacita para que la próxima vez llames a ese compañero, amigo.


miércoles, 10 de diciembre de 2014

MISTERIOS ENFERMEROS

      Mi siguiente novela va de misterio (os adelanto un cachito), y me he dicho: «¿Y por qué no escribes tú esos misterios enfermeriles que tanto nos molestan?» Y allá voy, empezando por el clásico de los clásicos:
         ¿Os suena esta secuencia?
         1)Boli cayéndose, desde el bolsillo de un enfermero, al suelo.
         2)Enfermero que se agacha (tirando de lumbares o de rodillas, dependiendo de la edad), y recoge su objeto perdido.
         3)Cuando el enfermero está prácticamente incorporado (antes nunca), el resto de bolis saltan misteriosamente del bolsillo, envidiosos del anterior que se lanzó al vacío a explorar mundo.
         4)Enfermero (resoplando o gruñendo, depende de las horas trabajadas), que se vuelve a agachar a recoger a los intrépidos.
         5)Cuando el enfermero está prácticamente incorporado (antes nunca), el resto de objetos del bolsillo (vías, tapones, tijeras, pinzas, rotuladores con punta fina, rotuladores gordos, compresores, agendas, jeringas, sueros, toallitas desinfectantes, planillas en pequeñito, móviles, xumadoles, orfidales…, etc.), saltan al vacío en un tercer arranque trotamundo.
         6)Enfermero (bufando en un 99% de las veces), que se vuelve a agachar a recoger el material.


       
        No, no somos Mr Bean, (ni tenemos tiempo), es que deberían inventar algo. Porque como no somos tontos, y esto nos ha sucedido incontables veces, cuando nos agachamos, con la manita que nos sobra protegemos un bolsillo, pero los otros dos no (nuestros pijamas suelen tener 3) y es de ahí de donde caen los malditos...  Pensando en el futuro, seguro que los enfermeros del 2600 (por la selección natural), nacerán con cuatro manos; el resto habrán muerto de atroces lumbagos.


         

        Pero hay otro misterio que molesta más… mucho más, por lo menos a mí. Os muestro una foto.


         
       ¿Os dice algo? Si, verdad… Para los que no sois enfermeros, si alguna vez vais a un hospital, y veis aun enfermero actuando como si tuviera un brote psicótico: levantando cosas, yendo y viniendo, entrando en cada una de las habitaciones con cara de preocupación sin mirar al paciente y sí a las mesillas o pies de cama, yendo y viniendo de nuevo, levantado hasta la torre del ordenador, agachándose en el suelo… No, no se ha vuelto loco, es que ha perdido la chuleta (o guardia).
         Otro gran misterio sin resolver, ¿a dónde irán las chuletas? ¿Tienen pies? Y que levante la mano quién del cabreo, después de buscarla por todos sitios, no se ha puesto un poco más intrigante y rascándose la barbilla ha pensado:
         ¿Me la habrá tirado alguien? ¿Alguien me odia en silencio tanto como para tirarme la chuleta? (en mi caso siempre me viene a la cabeza la señora de la limpieza, que es para hacer un blog entero).

         Y como no hay dos sin tres, otro tercer misterio enfermeril, es:
         ¿Por qué se acaba la batería de tensiómetro en la última habitación del pasillo? ¡¡¡Arrjjjjjj!!!!
         Él, el tensiómetro, que no tendría sentido si nosotros, que nos debe su existencia, te la lía a la que puede y se espera a que llegues a la habitación más lejana al control para apagarse sin previo aviso. ¿Querrá que adelgacemos andando? ¿O es que está harto de ser aparato de la tensión (que debe ser un rollo tremendo) y se divierte haciendo maldades?




         Después de esta entrada es posible que nos cuadre mucho más que Agatha Christie fuera enfermera. Hay tantos misterios enfermeros que podríamos llamar a Iker y a su equipo de Cuarto milenio. Os invito a que comentéis más; lo mismo nos dedican un programa, mira tú…

         Besos.