lunes, 7 de julio de 2014

Donar en vida.

         Hay noticias que te encogen el alma, noticias con las que exhalas un ¡ala! (como mínimo) para recuperarte de la impresión, noticias que se sellan en ti para siempre y agradeces al medio de comunicación en cuestión por habértelo dado a conocer.
         Hay noticias absurdas, huecas, banales, noticias que no aportan nada a tu existencia y sin embargo son las más comunes cuando enciendes la tele, el medio de comunicación por excelencia, y al que generalmente (excepto en situaciones graves de agotamiento mental) no le agradeces su insulsez.
         En el caso de las primeras, la pena es que no le llegan a todo el mundo y eso que gracias a nuestras nuevas vías de comunicación cada vez son más accesibles. La pena de las segundas es que le alcancen a más de dos.
         Por Facebook, este fin de semana, me ha abordado una noticia que se ha hecho la dueña de mis pensamientos y la quiero compartir con vosotros, porque desde luego pertenece al grupo de las primeras y creo que, en mi pódium anual, se va a llevar el oro.
         Lola ha donado en vida.
         @Lolamont: la escritora, bloguera, enfermera y sabe Dios cuántas cosas más, ha donado un riñón.
         Lola Montalvo ha regalado uno de sus riñones a su pareja, el padre de sus hijos.
         
        Una media tarde y posterior mañana me sirvieron para perfilaros a Lola. Una mujer arrolladora, inteligente, culta, cargadita de energía y de ideas. A mí me gustan las personas que no se andan por las ramas, me cautiva la naturalidad y la sabiduría. Ella computa un diez. Sin remilgos, nos expuso que debía volverse a su ciudad porque tenía que ayudar a su marido con la diálisis peritoneal. Y con eso me conquistó. No por el hecho en sí, sino por relatárnoslo. Porque tendemos a disimular la enfermedad, porque la gente, excepto en las enfermedades comunes, no detalla su padecer, ni a los más conocidos. Y sin embargo, para mí, cuando alguien actúa como Lola hizo ese día, normaliza la enfermedad. Nadie tiene la culpa de estar enfermo, eso es a lo que me refiero. Nos escondemos tras frases hechas, y medias tintas y desde mi punto de vista, cuando actuamos así, abrimos la veda a los rumores intencionados (mal o bien es totalmente relativo).  
         Estoy harta de escuchar a voz más baja del tono de la conversación «es que creo que tiene cáncer», «dicen que está en tratamiento», «ése creo que nació con una malformación». Señores, ¿hace falta decir qué nadie es perfecto? Porque por fuera es evidente, ¿todavía hay alguien que cree que por dentro lo es?
         Y con respecto al hecho de donar un riñón, me quito el sombrero, o en mi caso las gafas, el rimmel, y el anti ojeras (mis básicos). Es el acto más valiente y generoso que se puede hacer en vida. No asimilo cómo ha podido desbancar al miedo de quedarse sólo con un riñón, aunque creo que el héroe valiente ha sido el AMOR. El AMOR incondicional por su marido y por sus hijos. Y se me llenan los ojos de lágrimas al darme cuenta de lo grande del acto y lo grande que es esa mujer que tuve la suerte de conocer una media tarde y una media mañana. Te admiro, Lola Montalvo.
         Ahora, encenderé mi angelita, por ellos, para que les de toda la suerte que la enfermedad desplazó y para que todo les vaya todo lo bien que merecen… y mucho más.


        
        Os adjunto su enlace, para que conozcáis a esta heroína, en su blog, donde nos lo ha querido hacer público, demostrando su implicación con la información de calidad en el ámbito sanitario.

 http://lolamontalvo.blogspot.com.es/2014/07/memoria-de-mi-enfermera-li-dono.html


Y el de varios blogueros y amigos más que han tenido la maravillosa idea de rendirle un homenaje a esta mujer todo-terreno.

http://www.nuestraenfermeria.es/lolamont-hoy-te-escribimos-nosotros-donarenvida/

http://chupetetiritapintalabios.blogspot.com.es/2014/07/tengo-algo-para-ti-donarenvida.html

http://enfermeradetrinchera.blogspot.com.es/2014/07/lolamont-donar-en-vida.html

martes, 1 de julio de 2014

YO, ESPÍA.

¿Qué hay de esas veces que vas a la consulta del médico, o de la enfermera, o esperas en una salita de hospital y vas vestido de «civil»?
         ¿No me digáis que no es toda una experiencia? Yo me siento, camuflada con mi ropita de calle, y generalmente me llevo algún entretenimiento; porque por todos es sabido que la hora de espera no te la quita nadie. Como en todas las situaciones donde se congregan humanos, hay diferentes perfiles y esta lerenda es muy de analizarlos.
         ▪Hay quien llega, saluda y se pone a hablar en voz alta para entretener a todo los des-esperados. Da la sensación de que se sienten como pez en el agua, de que no es la primera vez que vienen y de que tienen mucho que contar. Generalmente este rol lo ejercen las generaciones mayores.
         ▪Hay quien ni saluda, y se aposenta dando la espalda a sus contrincantes de espera; pero no os engañéis, escucha al «pez en el agua».
         ▪Y hay quién llega, saluda y se pone a sus quehaceres, sin ocultar que de vez en cuando atiende a la voz cantante. Rara vez participa.
         Esta última soy yo, que me acomodo, oteo a mi alrededor para hacerme un cálculo aproximado de cuánto me va a tocar esperar y saco mi entretenimiento: móvil o e-book.
         El hilo de la conversación suele ser similar: 



         Y ya, con el anzuelo lanzado, siempre alguien, en ocasiones más de uno, adquieren el papel co-protagonista, y participan activamente en la conversación. He aquí, donde —debo de ser una cotilla—, no me entretiene mi entretenimiento y atiendo a la charla, con la sensación de que llevo una gabardina, unas gafas negras y un periódico para ocultarme, porque en un 90% de las veces, el tema es: la sanidad.

         Así, tal cual, sucedió la semana pasada en la sala de espera de mi doctora. Sentaíca y muda, intentando pasarme una pantallita del Candy Crush, oía las críticas a: las esperas en urgencias, a la desinformación, a que le habían hecho una úlcera en el hospital a su marido, a que justo el médico que había operado a su esposo era una eminencia y muy amigo suyo (¡cómo le gusta a la gente presumir de que tiene amigos médicos! cuando es mentira de la buena). Permanecí callada, no les faltaba razón. Pero no recuerdo muy bien cómo, la cosa derivó a que te pasara lo que te pasara te recetaban paracetamol y agua. Levanté mi cabeza del móvil, «¿paracetamol y agua?», me dije a mí misma, «¡Pero si somos el segundo país que consume más fármacos, si los que ingresan en mi planta toman como mínimo cuatro pastillas al día, entre ellas el archi-famoso y falso inocuo omeprazol, y el orfidal, las pastillita para dormir». Pero pude contenerme y permanecí con mi disfraz de espía, «no te incumbe, tú a lo tuyo».
         Pero ya lo sabe mi madre, no he nacido yo para callarme cuando atacan a los míos…
         Pues no va y dice una co-protagonista, que se estaba creciendo y estaba robando el papel a la voz cantante. Cito textual:
         —¡Uy, paracetamol con suerte! Si siempre te mandan el ibuprofeno ese, que no sirve para nada. Eso es aguachirri, y venga a recetarlo. Yo estoy segura de que es el más barato y por eso lo mandan. Lo único que te hace es una úlcera en el estómago. Si está claro que tienen que ahorrar, ¡qué pena!
         «¿Se están metiendo con el ibuprofeno delante de mi cara? ¡Ah, no! ¡Eso sí que no! ¡Se acabó!»
         En ese mismo momento, como si me quitara la gabardina, las gafas, y tirara el periódico al suelo, me desvelé cual principiante.
         —Perdone, pero no. El ibuprofeno sí que es efectivo, depende para qué se lo pauten. Es diferente al paracetamol, que es analgésico, el ibuprofeno es anti-inflamatorio…. Bla, bla, bla. —Les di una clase «magistralilla» de las diferencias y efectos adversos de cada uno.
         Y se hizo el silencio. Todos callaron… ¡Había una espía en la sala! Creé un clima de desconfianza. Os lo prometo. No volvieron a hablar, me imagino que hasta que entré en la consulta, que tuvieron que escucharse diferentes teorías sobre mi profesión.
         Pero no me arrepiento, el ibuprofeno es grande, muy grande, y el enantyum, más. Y juro que los respetaré y defenderé hasta el fin de mis días y que los tomaré —las menos veces posibles— con alimento en el estómago. (Me estoy tragando Isabel, que os la recomiendo encarecidamente, y estoy yo muy de juramentos)

         Y chim pun, pero esta espía vuelve el martes a la consulta; seguro que… continuará.