lunes, 3 de octubre de 2016

Qué se preparen los de Anatomía de Grey

          Ahora sí que sí, por fin me atrevo a decir que mi siguiente novela sí que está relacionada con el universo sanitario. La historia nace en un hospital, como tantas y tantas. Porque nuestro mundo da para mucho, no solo es cuestión de técnicas, pruebas, tratamientos, cuidados... en nuestro mundo también se fraguan grandes historias de amor (y rupturas posteriores que dan para muchos cafés cotillescos). Y eso es lo que debería suceder en "Si tiene que ser" (lo del amor) y puede que lo haga, pero para saberlo tendréis que leerla, golfillos...
         Pero no solo se trata de amor, ya me conocéis, según avanza la historia veremos como los protagonistas se enfrentan a la vida (o la vida a ellos) y no les quedará otra que tomar decisiones trascendentales e importantes. Es una novela muy coral donde se unen familia, amistad, amor y sorpresas y todo ello con un toque divertido, fresco y original, o eso intento, por lo menos el narrador de la historia seguro que os sorprenderá.


         ¿Qué hay del mundo sanitario? Pues de todo, problemas en la contratación, relaciones entre compañeros, noches, guardias, pacientes agresivos, pinchazos accidentales... en fin, nuestra vida contada de la manera más natural y sencilla, sin parafernalias.

         Es una novela que estoy deseando que vea la luz porque creo que es muy redonda. La dividí en cuatro partes bastante diferentes entre ellas, sobre todo la última, en la que todo cambia. Yo diría que es mi novela más arriesgada por lo diferente, pero creo que puede pellizcar a mucha gente porque los personajes son muy especiales. Esa es mi intención: pellizcar almas mientras os divertís leyendo.
         Y como no quiero contar más solo añadiré que espero que os guste porque está escrita con mucho cariño y sobre todo, muchas ganas.
         Para celebrar que sale a la venta, tiro la casa por la ventana (mi casa es tan pequeña que cabe) y sorteo un ejemplar. ¿Qué tenéis que hacer? Compartid este post y dejarme un comentario en facebook con vuestra opinión para saber que lo habéis compartido.


         

viernes, 20 de mayo de 2016

UNA ES ENFERMERA AUNQUE NO QUIERA

         ¿Por qué digo esto? No, no temáis, no voy a volver a vestirme de negatividad o como dice mi madre, « y venga la burra al trigo». Titulo esta entrada así, primero, porque rima y segundo porque ayer me corté.
         ¿Mucho más claro? ¿No?      
         Vale, ha llegado el momento de contaros el porqué de este vacío informativo en mi blog: estoy de baja desde hace meses y es por eso que no tengo mucho que contar y además he estado compilando entradas y escribiendo algunas nuevas para un futuro proyecto. Respecto a mi baja, no me pasa nada malo, de hecho me pasa lo más bonito que me ha sucedido jamás: una pequeña sirena anda dando pataditas en mi abdomen y los médicos prefieren que su mamá no vaya a trabajar para que crezca sana y fuerte.
         Hechas las aclaraciones, si retomamos el título de la entrada entiendo que no entendéis nada o sois listos como avispas (que no seré yo quien lo dude). Pero para los que preferís alguna aclaración, ¡allá voy!
         Ayer me sajé medio dedo pulgar (ya será menos) cortando melón (un clásico veraniego). Estaba sola (miento, estaba Kala, mi perrita, pero ya me dirás tú). Sentí que el corte era profundo pero no quise indagar mucho no fuera a ser que entre el calor, tanta hormona y el no poder sincoparme a gusto (como se desmayan todas las embarazadas en la tele) me cayera redonda (nunca mejor dicho porque de tan poco moverme empiezan a no distinguírseme las articulaciones, tipo Naranjito).


         Y aunque pensaba que se me estaba olvidado mi profesión, la enfermera que habita en mí se puso a la faena con una efectividad meritoria. En seguida fui al grifo a lavar la herida con agua fría, después lo cubrí con papel de cocina (es lo que había) y subí la mano por encima del corazón para disminuir el riego, con la otra mano abrí el congelador y busqué un cubito de hielo para mermar la vascularización. Fui hacia donde tengo el botiquín (en un baño) y recé porque me quedara algún punto americano (de esos que se te caen a los bolsillos del pijama y ya que están, pues te lo llevas a casa). No, no tenía ningún antiséptico ( así que toca confiar en mis defensas) pero sí había puntos americanos. Con la mano decente los corté y en menos que canta un gallo tenía la hemorragia controlada y mi dedo cubierto con una gasita y esparadrapo (el esparadrapo de farmacia, cosa que me sorprendió).
  

         Cuando me volví a sentar para comerme la rajita de melón, con toda esa adrenalina corriendo por mis venas (es lo que tiene estar de baja, puede que esto sea de lo más emocionante en mis últimos meses), me di cuenta de que SOY ENFERMERA, que lo llevo dentro de mí, que mi cabeza piensa a la velocidad de la luz (o más) cuando de accidentes se trata. No creo que otras profesiones estén tan incrustadas en el profesional que las ejerza. Me explico con ejemplos.
         Ahora llega el calorcito, las venas se dilatan, por la calle los edemas maleolares afloran como los mosquitos... decidme que no sufrís cuando veis esos miembros inferiores hinchados como patas de elefante calzando zapatos planos, o cruzando las piernas. ¿No os entran ganas de aconsejarle al sufridor que use otro calzado más favorecedor para la vascularización o que descruce las piernas? ¿Soy yo la rara?


         ¿Y cuando alguien se desmaya cerca de ti y ves como un tropel de gente (con buena voluntad, pero tropel) le rodean y a nadie se le ocurre lo de subir las piernas? ¿No sufrís?

         Por no hablar de todas esas venas que ves (sobre todo en los gimnasios) gruesas, rectitas, hechas para prácticas y fantaseas con canalizarlas con abbocaths mínimo del 16.
         ¿O cuando os cruzáis con alguien con esa color azuladillo en mejillas, capilares a la vista, tos perruna y le veis fumándose un cigarrillo tan pancho? ¿No os entran  ganas de arrancarle el cigarro de cuajo y decirle que tiene el EPOC garantizado?
         Y esas veces que vas tranquila por el parque (desde que estoy de baja es mi actividad diaria) y te cruzas con un running dominguero, que salta a la vista que corre una vez al mes, rojo como un tomate, robando todo el aire del parque y sudando la gota gorda, ¿no te entran ganas de aconsejarle otro deporte menos agresivo para su corazón?
         Por supuesto no me olvido de todas esas preguntas que familiares, vecinos, conocidos o cualquiera que se entere te hacen por ser enfermero. Yo os prometo que a veces me quedo a cuadros con las preguntas, tipo (caso real):
         —¿He de preocuparme por tener mucha electricidad estática? Últimamente me dan calambres las cosas...
        
         ¿Entendéis ahora el título "Una es enfermera aunque no quiera"? Porque aunque a mí ayer me vino bien para solventar mi accidente doméstico hay veces que sufres al ver enfermedades, malos hábitos, o comportamientos nocivos en la humanidad ajena a ti a la que no puedes pararte a aconsejar para que no piensen que eres un metomentodo.
         Y ahora, aprovechando que he escrito esta entrada y que el Pisuerga pasa por Valladolid, os voy a contar todas esas novedades que tengo (aunque ya sabéis cual es la más importante).
         Ha salido mi nuevo libro: Quiéreme si no te abrazo. Es la continuación de Abrázame que no te quiero y está gustando mucho, o eso me dicen, "hasta más que el primero". Os invito a que le deis una oportunidad a "mi cielo", seguro que no os deja indiferente y os lo pasáis muy bien este veranito. Deciros que Abrázame ya va por la tercera edición... (¡yuhuuuu!). Os adjunto el link del trailer  https://www.youtube.com/watch?v=vHWln086n7g


         -Este domingo (22) por la mañana me podréis ver en la feria del libro de Fuenlabrada (junto al pollo Pepe o la patrulla canina) en la caseta de la librería Bravo.
        - El sábado 28 (sí, el de la Champion),¡¡¡¡¡ estaré en la Feria del Libro de Madrid!!!! en la caseta de la librería Atenas (165), por la tarde, antes del partido (no seáis ansias, da tiempo a todo). Y me gustaría, que ya que han apostado por mí, firmar algún librito. ¡Venga, animaos! Aunque sea por verme como una peonza.


        - El 4 de junio, de 15.30 a 17.30 regresaré a la Feria del libro para un encuentro con escritoras de mi editorial (kiwi) y lectores, donde habrá sorteos, y ya podréis adquirir mi nueva historia que está incluida en el libro Summer love que justo sale el día después y las tres escritoras que participamos os lo podremos firmar.


         -El viernes 17 de junio presentaré junto a Kate Danon, Summer love en la librería Bravo, Fuenlabrada.

         Y no os aburro más... ¡Ah, sí! Como habéis llegado hasta aquí os merecéis un sorteíto. Tengo (no queráis saber porqué) un kindle (formato digital de Amazon) de Quiéreme si no te abrazo. Si compartís esta entrada en facebook y me etiquetáis para que os pueda numerar, el domingo 29 sorteo el libro (que os repito no queráis saber porqué me lo he descargado si yo no tengo kindle).
         Un abrazo a todos.

        
        

         

lunes, 8 de febrero de 2016

LA GUINDA DEL PASTEL



         Cómo han pasado los años, las vueltas que da la vida...
         ¿Quién no se ha dicho esto alguna vez cuando se ve frente a un plato de lentejas y se le hace la boca agua cuando de joven no quería ni olerlas?
         Los gustos van cambiando. Las preferencias van cambiando. La escala de valores va cambiando. El cuerpo, también ( en un 99%  de los casos, a peor).
         Si a mí me hubieran dicho cuando tenía veinte años que cuando llegase a los treinta y cinco iba a preferir quedarme en casa un viernes viendo «Tu cara me suena» a salir a cenar y pegarme unos bailes, le hubiera respondido al aprendiz de clarividente:
         —¡Tú estás chalao!
         Si el chalao, jugándosela de nuevo, me hubiera vaticinado que con los treinta y cinco iba a preferir una quedada con amigos en una casa, en horario de comida, con la música bajita para poder hablar, que salir por la noche a darlo todo, le hubiera increpado con total convencimiento:
         —¡Mira, qué no! ¡Eso es imposible! ¡No tienes ni idea! ¡A mí me encanta la noche! ¡Yo sé quién soy!
         Y el caso es que alguna vez me lo dijeron, y aunque no recuerdo exactamente quién y cuál fue mi respuesta (mi memoria vino estropeada de serie), sé que hube de contestar algo similar a lo anterior.


         El primer contrato que me hicieron de enfermera fue en Urgencias en turno de mañana. Bien y mal. Bien porque era en Urgencias, mal porque era de mañana. Claro que apenas hice porque las cambié todas.
         Por todos es sabido en el ámbito hospitalario que cambiar el turno de la mañana a la tarde es infinitamente más sencillo que al contrario. Quien tiene la mañana tiene el poder. Este es el porqué de esta entrada. Nunca pensé que una de mis mayores aspiraciones en la vida iba a ser la misma que la de los demás compañeros de fatigas. Nunca creí que aquello por lo que la gente discute, se clava algún que otro cuchillo y pide como su más preciado deseo a La Fontana de Trevi, iba a ser el mío.
         Porque si hay algo que el trabajador (de más de treinta años) anhela en el hospital, si hay algo deseado y envidiado a partes iguales, si hay algo por lo que más de uno vendería su alma al diablo (en argot poético, en argot hospitalario es trabajar hasta en medicina interna o geriatría) es conseguir el TURNO DE MAÑANA.
         El "de ocho a tres" no es nada fácil de lograr, amigos. Eso y ser fijo son la guinda del pastel del sanitario; eso te hace ir con la cabeza alta por Ibiza aunque vistas una talla cuarenta y cuatro; eso es mejor que Christian Grey en el cuarto rojo dispuesto a darte un repaso.


         Son incontables las de "guerras civiles" que se han dado en cada servicio de cualquier hospital por el reparto de mañanas. Os confieso que nunca me he informado al completo (es una técnica que uso cuando no me quiero cabrear, prefiero no saber), pero hay multitud de "leyes o leyendas" que los interesados repiten como el credo. Os redacto las más contradictorias:
         •En caso de haber contratados interinos o eventuales en turno de mañana y fijos en tarde, los fijos pueden pasar a la mañana y desplazar a los eventuales (siempre y cuando estos no sea familiares de cualquier directivo hospitalario).
         La otra versión:
         •Si el fijo no ha consolidado su plaza en turno de mañana, se quedará en el turno de tarde, aunque haya contratados en mañana (y eche espuma por la boca, oreja o anexos).

         Sé que es un poco complicado de entender (tipo alcalde, vecinos, alcalde...) y más si no trabajas en este sector, pero para explicarme mejor:
         Depende donde trabajes se hace una cosa u otra y ya te puedes poner rojo como el famoso emoticono que no tienes nada qué hacer.
         Y ahora me hallo en una disyuntiva cuando menos desveladora. El lunes que viene, los fijos, en el hospital en el que trabajo elegimos ubicación y turno. Va por orden de puntuación (tiempo trabajado) y pese a que en alguna entrada (leed los comentarios de "Tensiones en la planta") me tildaron de "vieja gloria", soy de las últimas en elegir... ¿Y sabéis qué? Después de todo lo anteriormente citado imaginaréis que:
         ¡¡¡Quiero la mañana!!! ¡¡¡Quiero la mañana!!! ¡¡¡¡¡¡Quierooooo la mañaaaanaaaa!!!!
         Lo que antes era:
         —¡Puaj, qué madrugón!
         Ahora se ha convertido:
         —¡Ufff, salir a las tres! ¡Qué pasada!
         Lo que antes era:
         —Paso de la mañana, hay muy mal ambiente.
         Ahora es:
         —Tú dame mañana y el ambiente ya lo creo yo.
         Lo que antes era:
         —¡Trabajar un sábado y un domingo de mañana! ¡Qué horror! ¡No puedo trasnochar.
         Ahora es:
         —¡Trabajar un sábado y un domingo de mañana! ¡Qué guay! ¡Puedo comer con mi familia, tomar cañas con los colegas, ver a mi sobrino!
         Las vueltas que da la vida...
         Tengo una semana para valorar si quedarme en la tarde y salir ¡a las diez en el frío invierno! o irme (si queda algún hueco) a un servicio donde se trabaje mucho y regular (porque para uno bueno no me llega) a costa de ese ansiado ocho a tres. Y como he empezado con una canción, acabó con otra un poquito versionada:
         ¿Qué pasara? ¿Qué servicio habrá? Puede ser día o noche...tan, tan tan...
         Esta vez sí que os ruego comentarios. Necesito ayuda.



         

viernes, 22 de enero de 2016

QUIEN TIENE BOCA SE EQUIVOCA

       Estaba yo esta mañana tecleando algo que luego os comento y me he llevado una ingrata sorpresa. Me ha saltado la ondulada línea roja del corrector del Word para avisarme de que una palabra no estaba bien escrita. Y me he dado cuenta de que aquello sonaba muy raro pero nunca le había echado cuentas. Hoy puedo reconocer y reconozco que toda mi vida he dicho "cinta inlante" a la cinta aislante y lo peor, ¡ni preocupá!
        He llamado a mi madre para saber si es culpa suya, pero no, ella dice cinta aislante (pero ha aceptado que lo hace muy rápido). He llamado a mi par y él me ha admitido que dice "cinta ailante" (no hacemos uno listo entre los dos). Y entonces me he puesto a pensar en todas aquellos errores lingüísticos que estamos hartos de oír en el ámbito sanitario. Ya, seguro que se os acaba de dibujar una sonrisa de lo más ladina. ¡Vamos allá!

         
        ¿A quién no le han dicho alguna vez «me duele mucho la GUÍA que me has puesto señorita?». GUÍA en vez de vía es de lo más extendido.
         Ni qué decir tiene ONDA en vez de sonda o la típica pregunta que surge de la principal preocupación de nuestros pacientes geriátricos:
         «¿Señorita cuándo me va a poner el EDEMA?» en vez del enema. Esto del edema... me hace recordar una anécdota de lo más graciosa (por lo menos para mí). Una compañera contándome minuciosamente la guardia un día que yo entraba de noches, os aseguro que es muy delicada y estilosa, me soltó sobre un paciente que parecía estar en anasarca (edema generalizado):
         —Tiene edematizadas las pelotas . —Lo hizo con gesto y todo. Yo no pude parar de reírme en toda esa noche.
         Lo del gelocatil es un tema para hacer una tesis. Lo llaman de cualquier forma: PILATIL, JALOCATIL... Claro, partiendo de la base que hay quien a las medicinas las llama MIDICINAS, al sintrom: CINTROM  e incluso CITROEN; al supositorio: POSITORIO o a la buscapina: MOSCAPINA.
         Hay otro error muy extendido, aunque yo no sé si es error. ¿Nunca os han dicho «me han operado del APENDI»?. Este, en concreto, me parece de lo más simpático, la gente confraterniza con su propia anatomía y se permite acortar el nombre a sus órganos.
         ESQUINCE en vez de esguince, CRAGULAR en vez de coagular, GOMITAR por vomitar, ALMORROIDES por hemorroides, OPOTULISTA en vez de oculista, son otros que me acaban de soplar mis compañeras.
         Pero de los casos más heavys que yo he escuchado en mi vida es el de una señora que cuando le preguntaron por su anterior parto contestó (espero que no os ofenda pero es lo que dijo):
         —Bien, pero al final el niño me comió el coño.
         ¡Toma ya! ¡Y ni preocupá con el posible canibalismo de su bebé!  Me imagino que alguno habréis adivinado que lo que la pobre criatura hizo fue aspirar meconio y no ingerir partes blandas.
         Pero lo de hoy me ha hecho darme cuenta de que ninguno (o casi ninguno) estamos a salvo de error lingüístico, que si yo llego a ir a una ferretería pidiendo "cinta inlante" me hubieran mirado como yo miro cuando me piden el famoso pilatil.

         Ahh! Lo que estaba escribiendo cuando se me ha cruzado la famosa palabrita es una especie de novela, muy fresquita, muy rica, llena de anécdotas enfermeriles que espero que pronto vea la luz. Os invito a que si tenéis algún momento surrealista, o anécdota muy graciosa me la enviéis por correo a ireneferb@hotmail.com  
         Un beso y como todavía estoy a tiempo:

         ¡Feliz año!
      Os dejo con una reflexión que nada tiene que ver pero que me la acabo de encontrar y me ha hecho pensar: 




viernes, 13 de noviembre de 2015

Sal de mi vida reggaeton!!



         Os lo prometí y yo (si me acuerdo) soy de cumplir mis promesas. Os prometí que ya os describiría como acontecían mis noches en la soledad y urgencia de la diálisis. Y en ellas me hallo.
         Como dicen por aquellos lares: «ya no eres virgen», «ya te has estrenado», «ya eres mayor» , claro que ¡menudo estreno! no puedo yo estar tranquilita, no...


         Lunes noche. Después de un puente relajante en mi Villarejo del Valle, afronto mis cuatro noches con valentía y un dolor de cabeza incipiente de tanto apretar las mandíbulas durmiendo soñando con máquinas.

         Me encuentro a mis cuatro compañeros con cara de susto disimulado.
         —¿Qué pasa?
         —No, nada —me dice la más joven y verde como yo—, tienes que poner un hemofiltro en UVI. Pero tú no te preocupes te hemos llevado todo. Tienen que avisarte porque han de cogerle primero el catéter.
         Quien no sea enfermero, o incluso si lo es, no entenderá nada. Pero en cristiano sonaba a:
         —¡Tía, tía, tía! !qué mala suerte! ¡Tú, tranqui!  ¡Si no puedes, llámame!
        Si con algo se puede comparar al hemofiltro es con una cosita que empieza igual y termina en -rroide. Farragoso, pesado, lento y "porculero". (¿Entendéis ahora la comparación?).

        Pues nada... Me senté a esperar... y esperé... y me tomé una tilita... y me tomé un poleo...y cuando me iba a pasar al ibuprofeno me avisaron.
         1. 30 de la mañana- 2.0 de la mañana... ¡Puesto! ¡Sin problemas! ¡Subidóoooooon! Camino por el largo pasillo de vuelta a mi escondite canturreando.
         Miércoles noche. Mis cuatro compañeros, esta vez más relajados, me explican que hay otro paciente con el dichoso hemofiltro y que suele dar problemas (el hemofiltro, no el paciente), y se cambia cada seis horas (os lo vengo diciendo, salvará vidas, pero qué pesadito es). Justo cuando se van suena el teléfono y es el nefrólogo de guardia que con voz rápida y estresante me dice:
         —Tenemos una urgencia. Hay que hacer una diálisis a un paciente aislado (por un bichito que no viene a cuento). Hay que coger el catéter.
         Eran las 21.55. Atrapé a la última enfermera que quedaba y como enloquecida le conté lo que había escuchado por teléfono.
         Me ayudó a montar la maquina, pero resulta que esa máquina no valía, así que monté otra, pero resulta que no pasaba los test, así que monté otra que parece que sí quería hacerme el favor de funcionar (gracias a los Dioses, ya no entraba ninguna máquina más). Y llegó el médico con el paciente. Y le cogimos el catéter. Y la máquina funcionó. Y le dializamos. Y el hemofiltro de la UVI se coaguló pero como todavía no puedo multiplicarme, hasta que el médico no me suplió, no fui. Total, que pongo un circo y me crecen los enanos. Lo extraño es que una vez que las cosas marcharon, yo tan contenta... ¿lo de que me di un cabezazo de pequeña os lo he contado?
         Y hoy que iba conduciendo escuchando la radio y han puesto un reggaeton de esos... (si necesitas reggaeton, dale) he pensado que mis noches son reggaotoneras, que vengo de la medicina interna donde eran puro "tecno martilleante" y no pensaría yo que iba a pasarme a la música clásica así, sin más, sin pelearlo. ¿Y por qué son reggaeton? Pues porque dos canciones se pueden oír, incluso bailar y bromear (lo de sus letras es para que Rocío Jurado levante la cabeza y los ponga a todos firmes de un grito), pero a la tercera te cansas y a la cuarta te vas del local a tu cama cabreado como una chinche.

         Crucemos los dedos para que esta noche Nicky Jam, Pitbull y Juan Magán salgan de mi vida (total es viernes y tendrán cosas mejores que hacer) y entre Beethoven. Crucémoslos.

         Esta entradita se la dedico a todos esos compis que me han ofrecido su ayuda y en concreto a mi "Coach telefónica" (ella sabrá quién es).



         

jueves, 22 de octubre de 2015

C´est la vie

        Soy enfermera y me enfermo cada vez que lo pienso, ese es el nombre de mi blog —al que tengo abandonado desde tiempos inmemorables (perdón lectores míos)—. Eso ya lo sabíais, no os descubro nada nuevo, pero y si... resulta que... a lo mejor... (escribo con la precaución de no lanzar campanitas al vuelo no vaya a ser que me caigan en la cabeza). 

         ¿Y si ya no enfermo cada vez que pienso que soy enfermera? ¿Qué sentido tendría este blog? ¿Realmente me habré curado? No sé, no sé.
         Lo que sí sé es que voy contenta a trabajar (aunque las L me siguen gustando más, infinitamente más, y eso que apenas las cato).
         Lo que sí sé es que estoy aprendiendo mucho.
         Lo que sí sé es que he recuperado mi hábito del canturreo mientras trabajo.
         Lo que sí sé es que no me duelen (con tanta asiduidad) la espalda, ni la cabeza, ni las piernas.
         Lo que sí sé es que vuelvo a gastar bromas a los pacientes, a hacer el payaso y a preocuparme en conocerlos.
         Pero las campanitas vamos a dejarlas todavía en mi bolso, porque han sido tantos años de quemazón intenso que no me atrevo a cantar victoria.


         La enfermería es una profesión con tantas vertientes, que sin ser sanitarios entenderéis que nada tienen que ver el enfermero que trabaja en neonatos con el que lo hace en rayos. Me siento con la experiencia de decir que depende donde siembres tus cuidados, tu motivación crece o decae, lentamente, como una herida infectada que no cura.
         Lo que no quiere decir que no esté orgullosa de mis nueve años en medicina interna, lo estoy. Me han servido para aprender, para compartir experiencias, para adivinar la paciencia que puedo llegar a tener, para conocer a un montón de gente interesante que ha aportado mucho a mi vida (y espero que sigan haciéndolo), lo que quiero decir es: ¡¡¡¡ex-compis, huid!!!! 

         Y no solo a ellas, a todo el que se compare con una paraguaya (de quemado), huye!!! Hay mucho terreno por descubrir. Estudia, da la lata en personal, prepara oposiciones, qué sé yo. Comprendo que no es fácil, sé que da miedo, pero hemos estudiado una carrera para trabajar en algo que nos gusta y no en dónde nos quieran poner. ¿Deberían funcionar de una vez las especialidades? Podría ser la solución. Otra que se me ocurre es proteger , reforzar, cuidar al personal de los servicios más conflictivos, con cursos o con supervisores que realmente se preocupen por su gente.
         Ahora en mi nueva parada, hemodiálisis, hasta he ido a un congreso en Valencia (con los gastos pagados incluida una cena de gala que para una inexperta congresista como yo no podía ni creer). En fin, otro mundo.

         ¿Sabéis qué me asusta? Que se me olvide. Que me acostumbre. Poseo un don para la queja que puede vencer a las comparaciones que le proyecte mi memoria cuando pasen unos años y la novedad se vuelva costumbre.
         Respecto a este blog, pronto reanudaré mis entradas con anécdotas, con vivencias, más que nada porque probablemente el mes que viene haga noches y estaré sola, solita, sola ante el peligro (miento, los móviles de mis expertos y apiadados compañeros estarán encendidos). Seguro que Murphy (el de la ley) ya se está preparando para troncharse conmigo, lo que no sabe el muy cachondo es que ya le despellejaré yo por aquí.  
        
         Y me despido subrayando lo que he escrito en uno de los párrafos anteriores. Si no te gusta donde trabajas, ¡huye en cuánto puedas! ( o al menos inténtalo, seamos realistas, no está la cosa como para andar tiquismiquis). Pero como dice Bebe en su último disco, que aprovecho para recomendar:
         
          «Si no arriesgas no ganas y mueres en la espera.
          Escupe el trozo de manzana que te hizo dormir,

          la vida es para ti... »

domingo, 14 de junio de 2015

NO QUIERES CALDO, DOS TAZAS.

        Harta estaba de oír los tópicos castellanos, tengo una madre que creo que se los sabe todos, pero con la edad me empiezo a dar cuenta de que esas frases heredadas de nuestros antepasados esconden más verdades que La enzima prodigiosa.
         ¿Sabéis que me he cambiado de hospital? Pues sí, me armé de valor y decidí optar por el cambio. Ahora bien, una cosa era el hospital y otra muy distinta el destino final, el servicio en el que me tocaría trabajar.


         Fueron unos días de locos. Todo el mundo pendiente del BOCAM, para en el mismo momento en el que saliera la resolución, renunciar a tu hospital e ir al día siguiente al nuevo... Y si no lo sabéis, lo del papeleo, y tanta visita a "impersonal" (como he re-bautizado a la unidad de personal), pueden hasta con los nervios de Mimosín.
         Para darle un gotita más de emoción, había que llegar el primero al nuevo hospital para elegir el servicio. Como veis, un método de elección de los más justo, currado, lógico y apropiado, bromas aparte.


         En mi nuevo hospital hubo quien hizo noche, en plan mochilero, para asegurarse una de las cinco mañanas que ofertaban. Yo soy más vaga que Niebla, la perrita de Heidi, pero, al menos, decidí madrugar. Mi propósito no era tan ambicioso como un turno de mañana, el mío era claro y concreto: todo menos geriatría (y que los abuelitos me perdonen). No quedé tan mal, llegué la doce de unos veintiséis... y entré al despacho donde me esperaban Las Jefas.
         Sonrisas, amabilidad y facilidades, eso me encontré. Yo no mentí, les conté lo de mis nueve años en interna, pero ellas me ofrecieron cualquiera de los servicios que quedaban: UCI, Neonatos, Urgencias, Geriatría (¡arjj!), Quirófano, Medicina Interna (jajajaja) y Hemodiálisis.
         —¡Venga, va! ¡Hemodiálisis!
         He de añadir, que una compañera mía auxiliar acababa de elegir ese destino y dije que me iba con ella, que era una crack.



         Aquello nada tiene que ver con nada. Aquello es un mundo lleno de máquinas (eso, bien), fístulas, sistemas con más salidas y entradas que el alcantarillado de Madrid, y pacientes crónicos...
         Bien. Me gusta aprender. Me motiva. Bien.
         Mal. No mola estar perdida. No mola que los pacientes no se fíen de ti. No mola sentirse insegura hasta purgando una bomba. Mal.
         Y pese a que estoy más bien que mal, casi todos los días, he de explicaros el título de esta entrada:
         Por todo enfermero es sabido que para paciente "especial" los de nefrología. Ahora puedo ratificarlo, subrayarlo con fosforito, y decir: ¡no querías caldo, pues dos tazas, guapa!
         ¡Madre santa! ¡Es que no se cortan ni un poco! Hay quién no siente ningún pudor en decir delante de mí:
         —Ésta que no me piche
         —Ésta que no haga la diálisis.
         —Ésta que no maneje mi catéter.



         Con razón, más de uno se ha ido al baño a llorar, cómo te pille floja te hunden en la miseria. No todos, obvio, sino, se me habría puesto el culo como un tambor de no moverme (acabo de entender porqué estoy engordando, si como lo mismo). Hay quién es amable y valiente y no le importa que esta enfermera nueva, con cuatro trienios, se acerque. Hay a quién no le distingo cara de terror, ni temblor del labio inferior, si ve que preparo el campo para pincharle... GRACIAS ( a esas buenas almas pacientes). Y ahora perdonadme estas ordinariez: pero si los clientes de interna los tenían cuadrados, estos los tienen octogonales y como el caballo de Espartero.
         Me he hecho con un montón de refranes para aprovecharme de la sabiduría popular y mejorar mi estado anímico cuando los males puedan a los bienes.
         Tiempo al tiempo
         Nadie nace aprendido
         Paciencia que es la madre de la ciencia
         No hay mayor desprecio que no hacer aprecio
         El tiempo pone a cada uno en su lugar
         Más vale malo conocido...
         El que la sigue la consigue (o la persigue como dice mi primo Chuchi).
         Quien adelante no mira, atrás se queda
         No hay rosas sin espinas
         A camino largo, paso corto.
         Nadie dijo que era fácil



         Os iré contando mis progresos y mis kilos de más.

        
        
        


lunes, 27 de abril de 2015

MARAÑAS


         Hoy he renunciado a trabajar en mi hospital. Hoy he ido y he pedido el cese. Mañana me incorporaré en otro área y debido a la rapidez con la que se ha acontecido todo, a estas horas del final de este último día, desconozco que sentir.


         Comprendo que habrá gente que asuma los cambios al ritmo que estos se producen, pero no es mi caso. Cuando viajo a algún país extranjero tardo días en percatarme de que no estoy en España; pues bien, mañana viajo a mi extranjero laboral. A un extranjero incierto, incógnito, porque yo no conozco más que mi antiguo planeta. Y sigo sin saber qué sentir.





         Catorce años, y sumándole tres de la carrera, por esos viejos pasillos que terminan en habitaciones y despachos con las mismas arrugas. Un  macro hospital, con miles de trabajadores anónimos, pero rara vez no conozco una cara cuando camino por allí. Un hospital en el que nací como enfermera, y aprendí, me ilusioné, me motivé, pero también, me cabreé, me cansé, me desmotivé, tanto, que terminé escribiendo un blog que lleva por nombre: Soy enfermera y me enfermo cada vez que lo pienso.
         Navego a un planeta más pequeño en el que no conozco ni a un alma. Acojona. Me voy a no sé qué turno y con qué planilla. Acojona. Pero me voy, y me surgen unas cosquillitas de nervios, y de ganas, que me dan la energía para valorar que he hecho bien. Debía ser consecuente, no podía pasarme la vida quejándome y cuando por fin, por milagros del destino y gracias a que alguien hizo el examen de oposición madrileña más confuso habido (y espero que por haber), favoreciendo a los que habíamos estudiado poco, (de puro extraño), se me ofreciera la oportunidad de cambiar, y me acobardara para no subirme a la nave.
        

Y allá voy... el día de la elección de hospital en la calle Sagasta, fue mucho más emocionante de lo que imaginaba. Aquello era el Corte Inglés comparado con el Día, lo digo porque nos atendieron los trabajadores administrativos más simpáticos, sonrientes y facilitadores que me he encontrado jamás... hasta llegué a fantasear «¿será así mi nuevo mundo con plaza fija?». Cuando me vi frente a la risueña mujer que esperaba a que le enunciara mi destino, hecha un mar de dudas y al borde de la lágrima, me armé de valor y opté por el cambio (muy al hilo del panorama político actual). Una amiga que me acompañó grabó ese momento y cada vez que lo escucho me engancho cada berrinche... soy de lágrima fácil, ya os lo he comentado en más de una ocasión. 
         Sí, a partir de mañana, seré funcionaria. Mola. A partir de mañana tengo trabajo fijo. Mola. Se acabaron los test, las academias, y los papeleos anuales para la bolsa (no creo que haya nadie que deteste tanto entregar papeles como yo). A partir de mañana cambio de planeta y sigo sin saber qué sentir. Una maraña de emociones se pelean por el protagonismo y es por eso, que padezco de una neutralitis rara en mí, (¿estaré en shock?, probablemente, porque a quién le haya dado tiempo a digerir tanto cambio a esta velocidad pre-electoral, debe ser un súper inteligente-emocional). Imagino que en unos días, cuando aterrice, comenzaran a surgir los sentimientos y me desneutralizaré . Imagino que añoraré todo aquello y a todos aquellos que han formado parte de mi vida laboral, de mi planeta desde los dieciocho años. Imagino que lloraré (eso, por descontado).
         «¿Sabré ser enfermera en otro planeta?», mi gran duda, tonta, pero es que lo que se me pasa por la cabeza, nadie dijo que yo fuera lista.
         En fin, os mantendré al día. No sabéis cómo me gustaría re-bautizar al blog, en unos meses, con un nombre más motivador... habrá que esperar.
         Mucha suerte a todos los que hoy os sentís como yo, con un futuro incierto, pero prometedor y, desde luego, ánimo, para los que esperan a que nos incorporemos los fijos para saber si mantienen su empleo o no. Esta vez estoy en el lado bueno de la balanza. De cualquier forma, con mi maraña o neutralitis emocional, os deseo a todos, lo mejor.



jueves, 12 de marzo de 2015

Lo que no se cuenta de las habitaciones del hospital.

        Las habitaciones en éste, mi hospital, son tan pequeñas que en ocasiones cuando el paciente es obeso se impide que ingrese nadie más en la cama de al lado porque no entran dos… Daos cuenta.



         El aseo de nuestras “suites” no tiene ducha, ni ventana, y si se quieren lavar, en serio, y no como los gatos, han de ir a la ducha compartida (por turnos, no como en la cárceles, algo de nivel tenemos).
         Imaginaos la de cábalas que hacemos con el mobiliario para introducirnos el aparato de la tensión y nosotros, y no os digo nada el electro o el desfibrilador. En una ocasión la intensivista (médico de UVI que llamamos cuando hay una parada), antes de saludar (suelen ser de lo más majos), no había puesto un pie en la habitación cuando gritó:
         —¡Sacad los muebles! —De primeras nadie la hizo caso, creíamos que sería cosa suya, una especie de lema, pero cuando lo volvió a gritar con cara de pocos amigos (cosa rara, rara), los armarios y sillones salieron a toda mecha al pasillo; otra cosa, no, pero bienmandás
         Somos como el vecino cansino de arriba que siempre anda arrastrando los muebles a horas inhóspitas (¿de ahí vendrá esta palabra?).
         Pero yo no quería hablaros de eso, yo quería explicaros (y que me creyeseis), que en esas minúsculas habitaciones se cuecen cosasss y que después de muchos años trabajando allí ya les he pillado la cocción y os las voy a desvelar.
  Os cuento:

         Hay habitaciones anquilosantes. Sí, hay dos o tres habitaciones en mi planta que paciente que entra ahí, paciente que se anquilosa meses y meses. He averiguado que son habitaciones que tienen el poder de infectar, sobreinfectar, deshidratar, ulcerar o vete a saber qué artimañas para que el cliente permanezca días y días pasando las de Caín.
         Hay habitaciones timbronas. Sí, estas poseen el poder de adueñarse del alma de nuestros clientes y provocarles que se pasen su estancia enganchados al timbre de enfermería. Hombre, el timbre, es algo muy goloso, yo lo entiendo. Tú llamas por cualquier cosa que se te ocurra y al poco (sí, al poco, por mucho que se quejen, al poco), te aparece alguien que te ayuda y te apaga la luz, cierra la ventana, o te da ese vasito de agua que tenías en la mesilla y a tus brazos perezosos les costaba amarrar. Si se hiciese un estudio del índice de llamadas éstas ocuparían el número uno.
         Hay habitaciones “yuyu”. Si yo ingresara en mi planta (el ocaso no lo quiera), la mieditis se apoderaría de mí sentido común si durmiera en ciertas habitaciones en las que han sucedido episodios extraños: fallecimientos inexplicables, increíbles complicaciones y sucesos paranormales con una llamativa periodicidad.

         Hay habitaciones olvidadizas. Suelen ser las últimas del pasillo y tienen el extraño poder de lograr que se te olviden las cosas y tengas que volver a recorrerte el pasillo en varias ocasiones. Podrían llamarse, también, “matapiernas”. Yo creo que están hechizadas por fabricantes de medias de compresión… (ahí lo dejo).
         Hay habitaciones históricas. Un paciente ha hecho historia en esa habitación y la habite quién la habite, siempre queda un poquito de él. (Se lo dedico a Joaquín y a su familia).
         Hay habitaciones fiesteras. Por lo que sea, suelen ingresar los pacientes con más familia y amigos de España y siempre están llenas de vidas humanas dentro y en los aledaños (pasillo). Un gusto, vamos.
         Hay habitaciones alucinógenas. No puede ser casualidad que los pacientes más desorientados, a los que “se les va” y no hay haloperidol que les haga volver, siempre ingresen en las mismas camas, no. Aquí hay gato encerrado…

         Como veis, le tengo pillado el truco a la planta. ¡Ah! no os desvelo el número de las habitaciones, ni el hospital, por no asustaros si ingresáis allí, pero os aseguro que cada una de esas habitaciones tiene nombre.
         Si al final me voy, con mi futura plaza fija, (¡lalalalalala!, canto de felicidad), investigaré nuevos fenómenos. Os tengo al corriente.
         Si os he dejado intrigados, venid mañana a la presentación de Crimen se escribe con A y veréis lo que es bueno.


         Besitos.